IA generativa en la banca: preparar el SDLC para squads agénticos
Los agentes no se adoptan instalando una herramienta, sino preparando el proceso para recibirlos.
Erik Palma · · 6 min
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La IA baja el costo de entender, traducir y verificar: las tres tareas que frenaban las migraciones.
Todo banco tiene un sistema que nadie quiere tocar. Funciona, procesa millones en operaciones y está escrito en una tecnología que cada año domina menos gente. La documentación está desactualizada, las reglas de negocio viven en el código y en la memoria de dos o tres personas. Modernizarlo es urgente; detenerlo es impensable.
He participado en proyectos donde ese dilema era el centro de todo, como la fusión de los cores de dos bancos sin interrumpir la operación. Lo que aprendí ahí sigue vigente: la modernización no es un problema de tecnología nueva, es un problema de conocimiento, riesgo y secuencia. La IA generativa no cambia esa naturaleza, pero sí cambia el costo de resolver cada una de esas tres partes.
En una modernización, la mayor parte del esfuerzo no está en escribir el sistema nuevo. Está en entender el viejo: qué hace realmente, qué reglas aplica, qué casos raros resuelve y de qué depende. Ese trabajo de arqueología es lento, caro y propenso a omisiones.
Aquí la IA aporta su primer valor, como acelerador del entendimiento:
Ojo: todo esto son hipótesis que el equipo debe validar. Un modelo puede interpretar mal una regla con total seguridad. La diferencia es que validar una hipótesis bien escrita es mucho más rápido que descubrirla desde cero.
El patrón que mejor funciona para modernizar sin detener la operación sigue siendo el estrangulamiento (strangler fig): rodear el sistema heredado con una capa que intercepta las llamadas y, poco a poco, desviar funcionalidades hacia componentes nuevos hasta que el viejo pueda apagarse.
La IA no reemplaza este patrón. Lo acelera en cada paso.
El equipo sigue escribiendo el sistema nuevo, pero con asistencia: generación de código en el stack destino, pruebas, scripts de datos, documentación. Es el nivel de menor riesgo y el que más rápido devuelve valor.
La IA propone la traducción de módulos completos del lenguaje heredado al nuevo (por ejemplo, de procedimientos almacenados o lenguajes antiguos a servicios modernos). Las personas revisan, ajustan y, sobre todo, verifican equivalencia funcional. Aquí la calidad depende de tener buenas pruebas.
Agentes que toman un módulo, lo analizan, lo traducen, generan pruebas de equivalencia, ejecutan ambas versiones con los mismos datos y reportan diferencias. Las personas definen el alcance, aprueban cada paso y deciden el corte.
Es el nivel más ambicioso y el que más preparación exige. Pocos bancos están listos hoy, pero es hacia donde va la práctica.
La pregunta central de toda migración es: ¿el sistema nuevo hace exactamente lo mismo que el viejo en todos los casos que importan? Sin una respuesta medible, ninguna velocidad compensa el riesgo.
La IA genera pruebas en cantidad; el equipo garantiza que sean las pruebas correctas.
La IA no convierte una modernización imposible en trivial. Lo que hace es bajar el costo de entender, traducir y verificar, que son justamente las tres tareas que hacían inviables muchas migraciones. El patrón de estrangulamiento, las pruebas de equivalencia y el gobierno del cambio siguen siendo la columna vertebral.
Con IA, el sistema que "nadie quiere tocar" deja de ser un callejón sin salida y pasa a ser un proyecto con secuencia, métricas y fecha de apagado. Esa es la diferencia que importa.
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